¿Qué decir de este tipo de películas? ¿Cómo analizarlas? Es ridículo buscar un guión elaborado dentro de un cine que no busca ser algo más que puro espectáculo, aunque sabemos que para que el espectáculo funcione, el guión tiene que ser mínimamente interesante.
Tampoco el tema pasa por subvalorar directamente un producto de espectáculo puro ya que lo mismo no significa que la obra deba ser pobre. Pero la mayoría de las veces realizaciones como estas implican un presupuesto gigante, por lo tanto un riesgo económico grandioso y entonces el seguro contra catástrofes de estas películas, además de una campaña publicitaria inmensa, es optar por una sucesión de clichés que seguro funcionan, así tenemos aquí : el personaje principal, que tiene que ser un hombre por supuesto, de lo contrario no se salva nadie, es el típico padre separado que busca la aceptación de sus hijos y recuperar el amor de su ex esposa quien, por supuesto, ya tiene un novio mas cobarde que el valiente protagonista pero que será útil por un rato para que no suene a que queremos despacharlo enseguida. Así, mediante la pequeña excusa de la destrucción del mundo, nos encontramos nuevamente con la historia del padre héroe (y que recorrerá el típico/tópico camino del héroe), que no solo se encuentra en el personaje de Cusack sino en el mismísimo presidente de los Estados Unidos de America, interpretado por Glover, personaje que no podía faltar en una película de Emmerich, o en ninguna que tenga que ver con destrucción. Por suerte en esta no se sube a volar un avión y a explotar platillos voladores aunque siempre es el quien tiene que dirigirse a las demás naciones como el líder mundial.
Pero el caso es que el amo de la destrucción numero uno Roland Emmerich recupera su trono sobre, su ahora segundo, Michael Bay, ya que por lo menos en materia narrativa Emmerich se muestra mas competente, además de destruir mucho mas, casi todo el planeta (a Bay le estará picando para destruir la galaxia entera) el cineasta de origen alemán, se dedica a retratar con cuidado las escenas espectaculares buscando que los espectadores no nos perdamos nada, algo que se agradece ya que esta conciente de que realmente ese es el atractivo de su película, el resto esta porque somos humanos y no edificios y necesitamos identificarnos con algo, por mas que los personajes sean tan duros como el hormigón.
La película tiene buenos momentos y aunque ya sabemos quienes morirán transmite cierta tensión al espectador, además de las aterradoras escenas en las que vemos como se levanta una ciudad entera y las olas gigantes. Además, los personajes logran por lo menos generar cierta empatia, pero más por las actuaciones de John Cusack, Chiwetel Ejiofor, Amanda Peet y Danny Glover que por el guión. De entre estos evidentemente se destacan Cusack y Ejinofor.
También podemos rescatar el comentario bien intencionado sobre la ambición y el egoísmo de la humanidad ya que la posibilidad de sobrevivir a la catástrofe tiene un precio en dólares y quienes pueden pagar, por lo tanto, sobreviven. Por supuesto que nuestros héroes no están en este grupo y tienen que luchar por su vida, pero si fuese de otra manera la película terminaría a los 10 minutos.
Sencillamente un cine catástrofe típico y entretenido, como era de esperarse, donde evidentemente los efectos especiales y las escenas espectaculares sobresalen sobre cualquier otro elemento, ademas beneficiada por un director que cumple lo que promete . Ahora me pregunto, después de esto ¿Qué más puede destruir Emmerich?
Bueno, como alguno que sigue el blog (¿alguien?) se dará cuenta, a veces me siento poco inspirado para escribir largo y tendido sobre determinadas películas. Pereza talvez, o apuro, o bien la película realmente no despertó tanto debate interior como para tener un punto de partida interesante. Eso, por supuesto que va totalmente en contra de mis principios respecto a la crítica, que debe tratar a cualquier obra por igual. Pero a veces, bueno…sucede.
Y este es el caso de la película en cuestión, Actividad Paranormal, la cinta que costo 5mil dólares (dicen) y recaudo millones, algo que evidentemente tiene mas que ver con la estrategia de marketing que otra cosa. Distribuida por Spielberg (dicen que cambio el final) la película dirigida y escrita por Oren Peli es otro de los tan de moda juegos narrativos de estilo falso documental. Pero lo que favorece a Actividad paranormal es que a diferencia de otros proyectos, la narrativa realmente se ve casera y por más estupida que sea la pareja protagonista se ve bastante real, aunque no sabemos si esta estupidez es un defecto del guión o el cineasta realmente diseñó a sus personajes de esta manera con el fin de hacerlos mas “reales”. Nunca sabremos.
El resultado es irregular. Por un lado debemos admitir que esta muy bien narrada y que logra aumentar lentamente la tensión hacia el final. Los movimientos de cámara, las elipsis y los encuadres realmente transmiten el aire casero y parecieran ser poco pensados, algo que también ayuda. Por otro lado el guión es perezoso así como sus personajes que , por ejemplo, sabiendo que desde que llegaron a la casa los eventos se intensificaron no la abandonan, o porqué recurren solo a un especialista en el que incluso poco confían y no a otros para escuchar otros puntos de vista sobre el caso. Además dentro del realismo propuesto no encaja cierta explicación o historia muy al estilo “cine de terror japonés” que se cuenta en el tercer acto con el único fin de avisar al espectador sobre que se propone la supuesta entidad maligna.
Los actores están bien y eso ayuda. Y encontramos algunos momentos realmente estremecedores pero estos son pocos. Con todos sus defectos, Paranormal Activity entretiene y genera cierta expectativa que hace que el espectador quiera terminar de verla ya sea por mera curiosidad o por haberse metido realmente en la historia (pensaba que este segundo grupo seria minoría pero la taquilla dijo otra cosa). Ademas de descepcionar incluso en el tan esperado final. Podemos definirla de la manera mas ambigua posible como una película con un guión malo pero bien narrada (¿?). Un interesante ejercicio de forma, pero vacío…o algo parecido!
Hace tiempo que Hollywood decidió usar la ciencia ficción como una excusa para alardear de los efectos especiales, en el caso de los últimos años, específicamente del CGI y, de esa manera, se fue alejando de la esencia del género que mas bien usa la ciencia y la tecnología, futuros o presentes imaginarios, etc., como excusa para tratar temas humanos, sociales y filosóficos.
Por eso, Sector 9 es una grata sorpresa, ya que devuelve a la ciencia ficción a su estado crítico sin que con eso tenga que convertirse en una de esas películas intelectuales densas y monótonas que se van al otro extremo. Es más, Sector 9 es una de las películas de ciencia ficción mas entretenidas de los últimos tiempos. Con un ritmo envidiable, el cineasta sudafricano Neill Blomkamp, basándose en un corto suyo que le gusto a Peter Jackson y le convenció para producir el largometraje, opta por el estilo (tan de moda) pseudo documental o mockumentary para dotar de inmediatez y realismo a su propuesta. Ya en la introducción, con entrevistas e imágenes de archivo bastante bien logradas, notamos la pericia narrativa del cineasta y de un guión inteligente y (casi) nada cuestionable que lleva al espectador a donde quiere.
La acción se ubica en Johannesburgo en donde una nave alienígena se encuentra estática flotando sobre una zona que luego fue llamada Sector 9, una especie de campo de concentración en donde los extraterrestres son mantenidos evitando el contacto con los humanos, generando todo tipo de paranoias y reacciones sociales y captando la atención de los gobiernos que recurren a las multinacionales como la MNU , en donde trabaja Vikus Van de Merwe, del departamento de asuntos alienigenas, quien tiene como misión entrar y desalojar a los extraterrestres para reubicarlos lejos de la ciudad en un nuevo sector mas controlado. Por el camino Vikus se encuentra con una sustancia que lo empieza a convertir lentamente en uno de ellos y pasa a ser perseguido por la misma MNU, ya que su proceso mimético puede ser utilizado como arma.
Probablemente algunos ya se acordaron de otra interesante película de ciencia ficción dirigida por David Cronemberg. Y es que no hay mejor manera de realizar una crítica al “Aparheid” que proponiendo que un hombre se convierta en lo que mas desprecia (algo así como la metamorfosis kafkiana), la idea incluso hasta es demasiado obvia, pero funciona perfectamente. Así, seguimos las aventuras de Vikus quien ayudado por el extraterrestre Christopher, busca la manera de volverse humano o regredir el efecto, mientras Christopher y su pequeño hijo, buscan activar la nave para salir de la tierra.
Sector 9 nos brinda uno de los personajes mas interesantes del cine ya que Vikus es el perfecto antihéroe y hasta el ultimo momento del tercer acto no sabemos realmente que decisiones tomara respecto a determinadas situaciones, y muchos en algún momento se dirán que “no puede ser que Vikus sea tan hijo de pu…” pero lo cierto es que eso que nos sorprende de Vikus se llama verosimilitud; Vikus es un personaje tan común como cualquiera de nosotros y, aunque no lo quieramos aceptar, muchos actuaríamos de la misma manera o incluso peor en su misma situación. Un reflejo de nuestro “humano y civilizado egoísmo” mezclado con nuestro “primitivo instinto de supervivencia”. La actuación del novato Sharlto Copley es de lo mejor de la película y logra llevar el peso de toda la narrativa perfectamente, retratando minuciosamente el cambio que va sufriendo el personaje, tanto físicamente (ayudado por el maquillaje y efectos) como sicológicamente, pero aunque notemos este cambio, cada tanto Sharlto y el guión nos sorprende dejándonos a la deriva sobre el personaje, algo que se agradece y engrandece a la obra.
También el diseño de los extraterrestres colabora con que la transformación de Vikus sea más desagradable justamente al proponer la apariencia extraterrestre como unos insectos y la crudeza de las escenas (deudores de un Verhoeven) y la violencia, constituyen otro acierto.
Funcionando también como buen cine de acción, con secuencias bien tensas y logradas, Sector 9 es un collage de supuestas imágenes de entrevistas, archivo, de cámaras de circuito cerrado y noticieros, en las que también se mezclan necesariamente los planos convencionales cuando la narrativa entra en zonas en donde ya el documental y así también las cámaras no entrarían. Aquí llegamos en el primer pequeño detalle que no favorece a la película y se trata de la irregularidad estética. Si bien aceptamos como publico la propuesta pseudo documental desde un principio, en los momentos narrativos convencionales, que ya mencione anteriormente, Blomkamp contrasta de manera desagradable, proponiendo una narración burocrática con la cámara estática y el montaje clásico, algo que llega a chocar pareciendo de otra película, ya que si bien es cierto que la historia necesitaba mostrarnos escenas fuera de las cámaras del documental, el juego con el espectador se rompe totalmente cuando se adopta otra estética.
El segundo problema por el cual esta obra no es perfecta (por poco) descansa en algunos problemas del guión. Por un lado, algo que acompaña la opción estética que son las elipsis; cuando hablamos del pseudo documental asumimos cualquier tipo de elipsis ya que la cámara no puede mostrarnos todo, y es ahí donde se utiliza el recurso narrativo convencional, pero el problema (ojala lo pueda describir claramente) es que cuando adoptamos esa narración y dentro de ella usamos elipsis del estilo documental destruimos totalmente la continuidad narrativa sin ningún sentido ya que la elipsis parece mas bien una pereza del guionista que no se quiso tomar la molestia en unir una escena con otra de manera lógica ¿me explique? (realmente me resulta difícil sin comentar detalles de la trama). También el guión propone algunos temas inverosímiles respecto a la relación entre los extraterrestres y los nigerianos; ya que los segundos dominan a los primeros teniendo menos poder que estos. Esto, puede no ser del todo inverosímil mientras el guión se encargue de retratarnos, algo que falta y nos parece más bien un error.
Pero los aciertos son mas, entre los cuales se destacan los efectos especiales que se mimetizan perfectamente en todas la propuestas estéticas y logran que el extraterrestre Christopher (nombre simbólico incluido) se vea tan real y, ayudado por el guión, complejo y fascinante.
Sin respiro de inicio a fin, Sector 9 dentro de todo se toma además un tiempo para la reflexión sobre la humanidad y nuestro miedo a lo desconocido, nuestra paranoia como raza, y también deja lugar a una crítica (también de moda) a las mega empresas multinacionales con intereses bélicos y las influencias en los medios de comunicación (también algo deudor del cine de Verhoeven, este subvalorado cineasta holandés). Sin duda Sector 9 revitaliza el genero de ciencia ficción y (porsupuesto que todo esto es una opinión personal) trascenderá en al historia del cine.
Michael Mann es un director que me agrada bastaste, aunque debo reconocer que desde Heat y The Insider, fue decayendo con una buena y correcta Collateral, para llegar al desastre narrativo que fue Miami Vice. Decepcionado justamente con esta ultima, tenia muchas expectativas en Enemigos Públicos ya que además de ser de Mann, nos traía su primera incursión al cine de época (aunque El ultimo mohicano, podria entenderse como tal), con actores de la talla de Johnny Depp y Christian Bale, dos de los mejores de la nueva generación, proponiendo algo así como De Niro y Pacino en Heat, prometiendo un duelo no solo entre el héroe y el anti-héroe, sino de personajes . Nuevamente Mann decepciona. Aunque superior a Miami Vice, esta nueva obra del esteta visual y obsesivo director (ya saben porque vino a filmar a C.D.E., para solo 1 o 2 minutos de película) peca por desaprovechar una historia y personajes tan fascinantes y así también a un gran elenco. Antes de seguir debo pedir disculpas si me repito, pues resulta inevitable comparar esta película con Heat, ya que llega a ser casi una adaptación de época de su gran obra de 1995.
El cine de Michael Mann, en su mayoría, juega a las dos caras de la moneda. No en vano encontrábamos en películas como The Dark Knight, aunque no lo crean, fuertes referencias al cine de Mann, ya que el embate de fuerzas se hace equilibradamente. Mann nos presenta tanto a los “buenos” como a los “malos” como protagonistas de la historia. Por supuesto que eso es interesante y permite hablar de la escala de grises entre el bien y el mal, algo que se acerca mas a nuestra realidad psicológica que a los estereotipos de héroe bueno y villano malo.
Ahora bien el Hollywood, desde los años 30, fue opta por la imagen del “Gangster bueno”, ya que justamente figuras celebres como John Dillinger se presentaban como una especie de Robin Hood moderno, asaltando bancos, estos culpables de la crisis, pero no robando así a los clientes que se encontraban en el banco, con un gesto contradictorio, evidentemente mediático y popular. Aunque, por supuesto que a diferencia de Robin Hood, Dillinger no repartía el dinero a los pobres.
Enemigos Públicos nos presenta a un John Dillinger que en realidad no es Dillinger, sino Johnny Depp, algo que más bien ayuda a la película ya que la composición del personaje cae notablemente sobre el actor. Es como que Mann lo escribió exclusivamente para Depp y luego solo se dedicase a hacer fotografía, más que dedicarse a la dirección. Así, lo interesante es ver como Depp se divierte con el personaje, proponiendo un Dillinger simpático, tenaz, vanidoso, inestable pero poco emocional y metódico (fijense como desarma, limpia y controla las armas entes de un atraco), bastante diferente a las anteriores “versiones” cinematográficas. El guion lo ayuda con algunos dialogos que hablan de su pasado de manera breve pero critic como en un momento el personaje comenta: Hace 10 ños, era un niño tonto, entre a una tienda, cosa que nod ebi hacer, fui condenado a 10 años de prision por robar 50 dolares,ahi conoci algunos compañeros… indicando como éste es el producto del mismo sistema.Por otro lado Mann no duda en insertarlo en las mismas situaciones que Neil McCauley (Robert De Niro) en Heat, usando como vulnerabilidad del personaje la relación amorosa con Billie Frechete (una bella y correcta Marion Cotillard), como reciclando ideas de sus anteriores películas (existen momentos prácticamente auto plagiados)
Como recreación histórica de lo que seria el momento que impulso la creación del FBI de la mano del inescrupuloso E.Hoover (Billy Crudup) justamente gracias a la escalada de Dillinger acompañado por otros famosos criminales como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd, Enemigos Públicos oscila entre al drama policial de época y el cine de acción de manera acertada, aunque en este ultimo aspecto funcione mejor. Y si bien podemos afirmar que en esta encontramos buenas secuencias de tiroteo y en gran cantidad, tampoco Mann logra una secuencia que supere sus anteriores obras.
Así como Eliot Ness y su guerra contra Capone, el Teniente Melvin Purvis, interpretado por Bale, tiene la misión de atrapar a Dillinger usando el servicio de “inteligencia” o investigación científica, pero sin escatimar en el proceso el uso de fuerza bruta, violencia o invasión de privacidad. Evidentemente Dillinger nos cae mejor que Melvin, ya que a este ultimo el guión no le deja tanto espacio y no lo desarrolla. Melvin es salvado por Bale que logra dar dignidad al personaje impidiendo convertirse en un monstruo, dotándole de cierto realismo con detalles, por ejemplo, demostrando nerviosismo, con una respiración agitada, cuando esta a punto de iniciar un enfrentamiento.
Pero si Heat invertía en los demás personajes de la banda de De Niro, en esta apenas reconocemos a los demás del grupo. No los identificamos. Escuchamos nombres pero no ubicamos sus rostros ni personalidades. Por decir que Stephen Dorff es mas bien un extra de lujo que otra cosa. En plena balacera no sabemos quienes mueren o viven, y la verdad es que lastimosamente nos da igual.
No que el guión sea un total desastre ya que Mann tiene momentos inspirados, como cuando Dillinger decide visitar la estación de policía, pasando por los pasillos como un fantasma, burlándose. O la mágica (y verídica) escena final en la cual Dillinger ve como Clark Gable prácticamente lo interpreta en la película Manhattan Melodrama de 1934 (Traducida como Enemigo Publico Numero uno y de la que hablamos anteriormente), prácticamente satisfecho y dispuesto de esa manera a morir, ya que se ve inmortalizado, un bello comentario sobre lo cinematográfico, ya que también hace referencia a la misma película que estamos viendo. Aunque la pelicula tendría que haber terminado ahí mismo, dentro del cine.
El cineasta opta por una estética de cámara en mano y el ya habitual digital, logrando un aspecto realista, como si estuviéramos con una cámara de video en los años 30, algo que resulta interesante y potencia las secuencias de acción, aunque por otro lado al tratarse de una película de “época”, y teniendo en cuenta la puesta en escena clásica en películas de ese estilo, llega a desconcertar o incluso a crear distancia con el espectador. Como era de esperarse, se destaca la dirección de arte: los grandes espacios de los bancos, los calidos burdeles y restaurantes, el frío e iluminado cuartel de policía, se presentan impecables así como los vestuarios. La ciudad cobra un papel importante en las películas de Mann, como escenario y personaje de la historia, algo que siempre contribuye y podemos afirmar que actualmente pocos la filman como Mann.
Beneficiado por la banda sonora de Elliot Goldenthal que adquire interesantes tonos de country, Enemigos Publicos, claramente se beneficia por elementos que tienen mas que ver con lo “meta cinematográfico” ya que en realidad la película se apoya en las referencias a películas anteriores de Dillinger, el mismo cine Michael Mann y su buena manera de filmar la acción y el fetiche de querer ver la gran escena “duelo de personajes” al estilo Heat, que en esta se da pero a un nivel muy inferior, pero por culpa de Mann, no de los actores y, por supuesto, el carisma de de Johnny Depp, quien sumado a los elementos anteriormente mencionados, evita que la película fracase. En conclusión , es un buen film de gangsters en donde podemos encontrar buenas secuencias de acción y una bella fotografía, pero que facilmente el espectador olvidara una vez abandonado la sala.
A continuación algunos fotogramas comparados…Mann evidentemente toma elementos de Manhattan Melodrama, y este a la vez de la realidad…
Referencias de Mann a Manhattan Melodrama
Fotograma de Manhattan Melodrama
Fotograma de Enemigos Públicos, recreación de un hecho real.
Fotograma de Manhattan Melodrama, referencias a Dillinger.
En los años 30 la caída de la bolsa de Nueva York ocasiona lo que se conoció como la gran depresión norteamericana. En este periodo de crisis económica, el cine tuvo un importante papel como producto de evasión, reforzándose así en dos géneros que luego se consolidaron en la llamada Edad dorada de Hollywood, que serian la screwball comedyde la mano de Frank Capra y otros autores, y el cine de gángsters que se hibridaría luego en el cine negro. La comedia tenia el claro fin de entretener, mientras que los gángsters además de esta función, constituían un comentario sobre la moral de estos antihéroes que se empezaban a convertir en protagonistas de las historias (y héroes sociales). Así, películas como Scarface, o Manhattan Melodrama (traducida al español como Enemigo publico numero uno), de la que hablamos aquí, son obras claramente inspiradas en criminales celebres como John Dillinger, Al Capone, Bugsy Siegel que se burlan de la ley seca y de ese sistema en el cual de alguna manera el ciudadano ya perdió confianza, aunque al final las obras busquen devolver al publico esta confianza, reforzando las ideas sobre la ley y la justicia.
Producida por el famoso (por sus largas notas de producción) David O. Zelsnik y dirigida por W.S. Van Dyke, Manhattan Melodrama cuenta la historia de dos amigos de infancia que sobrevivieron juntos a un accidente en una balsa ya desde muy pequeños. Éstos van creciendo y tomando caminos bien distintos, mientras Blaky Gallager (Clark Gable) se dedica a las apuestas tendiendo a la vida criminal, James Wade (Willian Powell) se convierte en un importante Juez que viene disputando el cargo de Alcalde para luego llegar a Gobernador. La novia de Blaky, Eleonor (Myrna Loy) termina enamorándose de James y casándose con el. La cosa se complica cuando Blaky comete un asesinato que sirve como trampolín a Wade al puesto de Alcalde, lo que luego tendrá graves consecuencias.
Es sorprendente desde un principio la facilidad con que Blaky acepta que Eleonor lo deje por James, no permitiendo así que este triangulo amoroso sea realmente el centro de la película, sino mas bien una excusa para establecer el profundo respeto y amistad que sienten estos hombres mutuamente. Y a pesar de que estos tengan que enfrentarse como las caras opuestas, la ley y el crimen, entendemos perfectamente que cada uno de los amigos esta conciente de su lugar y lo acepta, sin que esto destruya la amistad.
Con una trama sencilla, Manhattan melodrama apuesta en sus diálogos y personajes. Clark Gable esta simpático como Blaky (inspirado en Dillinger), siempre haciendo chistes o tomando las cosas a la ligera, Gable crea un estereotipo que luego será muy imitado en Hollywood, el del galán criminal con principios que logra comprar al espectador fácilmente. Con un rostro vivaz, Gable interpreta a Blaky como un niño grande que constantemente juega con fuego y termina por quemarse, aunque aquí es en donde Blaky se diferencia de un niño ya que mientras el niño lloraría amargamente, Blaky asume quemarse y sufrir las consecuencias, sorprendiendo con su actitud noble. Así, es interesante como luego de que Wade propone la pena de muerte a Blaky en un tribunal, en uno de los mejores y mas dramáticos momentos de la película, lo manda una nota con el texto “perdóname, tenia que hacerlo” a lo que Blaky contesta juguetón “no hay problema se como manejarlo”. Y no es que luego Blaky intentara escapar a su pena sino que la acepta totalmente.
Wade por su parte esta intensamente interpretado por Willian Powel quien a pesar de que el guión trata de construirlo como un personaje un poco plano y de manera muy idealizada, logra dar varios matices y una dimensión mas humana a Wade, siendo este talvez el personaje mas trágico justamente por tener que luchar en su interior con decisiones que van en contra de lo que siente pero a favor de lo que es correcto. Como representante de la ley Wade tiene que condenar a Blaky por sus crímenes por más de que en el fondo su corazón le diga otra cosa.
Por su parte Eleonor es una mujer que busca la seguridad de una relación estable en la que pueda formar una familia, algo que no encuentra en Blaky pero si en Wade. Presentándose en los primeros minutos como una mujer insoportable ya que abre la boca solo para quejarse, luego el personaje adquiere más cuerpo y se hace más complejo. Admirando a Blaky y amando a Wade, Eleonor no solo es la articuladora entre los dos amigos sino el nexo con el espectador que se encuentra critica con el obrar de Blaky y Wade.
Manhattan melodrama goza del bizarro estatus de ser la última película que vio John Dillinger en el cine, antes de su muerte a la salida de la misma función. Con un final trágico aunque contado, irónicamente, de manera no tan melodramática, la película es el inicio de un cine que busca la escala de grises entre las famosas dos caras de la moneda, aunque por la situación política y comercial en la que fue realizada siempre tienda a dar lecciones de moral y la reflexión sobre la justicia y principalmente la amistad verdadera, son tratadas de manera ejemplar. Una película vital para conocer los orígenes del cine de gángsters.
Dirigida por Gus Van Sant, antes de Milk pero estrenada después de ésta, Paranoid Park es otro interesante retrato de la adolescencia, que complementa a obras como Elephant o Gerry, en las que la crisis interior es el principal eje narrativo. La película cuenta como Alex, un skater adolescente, descubre un lugar llamado Paranoid Park, donde busca algunas respuestas y se ve involucrado en un inesperado crimen que lo llevará a reflexionar sobre la verdad y su propia existencia. Paranoid Park adquiere un aura casi mítica para los que concurren a el y a ojos de Alex es un lugar donde se reúnen los Skaters, quienes de alguna manera se aíslan de la sociedad, observando que hay algo más allá de las relaciones en pareja, los profesores y los matrimonios ya que, como él mismo menciona, la vida es más compleja.
Adaptada libremente sobre la novela homónima de Blake Nelson, Van Sant plasma claramente su estilo visual y narrativo, jugando con la fotografía de Christopher Doyle, filma los rostros de los personajes y maneja el tiempo en ralentado para que observemos no solo su evidente belleza, sino busquemos lo que estos esconden. Experimenta con las texturas, los sonidos, y la música que parece homenajear al cine clásico, así como los créditos de inicio, que parecieran sacados de una película de Hitchcock.
Fragmentando la narrativa a través del relato de Alex, bien interpretado por Gave Nevins, sobre quien cae el peso de la película y deja que los primeros planos se tomen su tiempo para que veamos sus mas mínimas reacciones y expresiones, componiendo un personaje enigmático; Paranoid Park es una película bien lograda, pero que pierde consistencia cuando Van Sant se muestra mas preocupado por lo formal, dejando a la deriva algunos personajes interesantes y no definiendo si lo que quiere contar es un policial o un drama adolescente. Ademas, la frialdad de lo contado es otro de los problemas del cine de Van Sant, ya que la película realmente no despierta, asi como otras obras del autor, emociones de varios matices sino mas bien logra congeniar levemente con el espectador, lo que es un merito para un cine de autor, pero no sufieciente para que la película no sea olvidada luego de minutos de salir de la sala. Una obra interesante y muy personal sobre el peso de la culpa pero sin nada mas que aportar.
¿Hasta donde el amor por nuestros seres queridos nos lleva? La Profesión de Irina Palm, escrita por Martín Herron y Philippe Blasband y dirigida por Sam Garbarski, cuenta la historia de Maggie, una mujer viuda de mediana edad, quien en búsqueda de dinero para el tratamiento de su nieto enfermo, esta dispuesta a realizar un trabajo bastante atípico, el de “azafata” , que consiste en encerrarse en una habitación y masturbar a hombres que hacen pasar sus miembros a través de un agujero, sin tener contacto visual ni otro tipo de contacto físico con ella a no ser con sus delicadas manos; algo que evidentemente genera un gran conflicto interior en Maggie, ya que además de luchar con sus propios prejuicios debe enfrentarse a los de la sociedad conservadora londinense, en la que sus amigas y familiares indagan sobre esa extraña profesión de la que ella no quiere hablar. Así, Maggie se va convirtiendo en Irina Palm (su seudónimo profesional), y llega a ser “la mejor de Londres” como ella misma afirma orgullosa.
Uno de los aciertos del guión es el proceso de aceptación, tanto de Maggie como del espectador, a la naturaleza del trabajo. La incomodidad y la gradual adaptación de Maggie también lo siente el espectador y eso permite poner a prueba nuestra moralidad relativa. Una vez que Maggie se convierte en Irina y ya esta insertada en ese mundo, para nosotros ella sigue siendo Maggie, aunque también la apoyamos como Irina ya que nuestra percepción sobre ella no cambia y queremos que tenga exito. Esta adaptación se refuerza, por ejemplo, con el hecho de que Maggie va llevando a su nuevo lugar de trabajo de elementos de su vida cotidiana, como flores y cuadros. Maggie empieza otra etapa de su vida, de alguna manera se esta dando una segunda oportunidad.
La narración descansa en Maggie quien es interpretada de manera minimalista y acertada por Marianne Faithfull, quien transmite un aire inocente y maternal, en todo momento. La información sobre el pasado de Maggie se da inteligentemente a través de diálogos con los demás personajes y es esta relación entre personajesuno de los aciertos del guión, principalmente entre Maggie y Miki (brillante Miki Majnolovic) el dueño del burdel. Personaje complejo que a pesar de ser reprobable, se gana la simpatía del espectador, Miki es otra prueba de cómo el cine juega con la nuestra moralidad. Por otro lado está la relación de Maggie con sus familiares y amistades, mientras que no se lleva bien con su Nuera, algo que lastimosamente no se explica en la película siendo este uno de los defectos del guión, su nieto Olly evidentemente siente y demuestra un cariño grande por ella, ubicando al hijo de Maggie, el padre de Olly, como mediador. Por su parte sus amistades, “respetables” señoras de la misma edad que ella, refuerzan la presión social y la falsa moral de la sociedad conservadora.
Es interesante como la fotografía juega elegantemente con la composición dando importancia a las manos de Maggie, ya que son sus manos su principal herramienta de éxito. Así también se opta por no mostrarnos directamente el acto de la masturbación sino mas bien nos sugiere con el fuera de campo, los sonidos y la reacción de Maggie, lo que resulta mas efectivo desde el punto de vista dramático.
La puesta en escena es sobria, la dirección de arte aprovecha los paisajes fríos, viejos y ordenados de los barrios londinenses y crea un interesante contraste con el burdel, de predominante rojo y caos. Esto esta reforzado cuando Maggie, con su presencia maternal y tímido caminar, siempre bien cubierta, se contrapone a las chicas del burdel, bailando semidesnudas. Y la música minima, con un arpegiado de guitarra eléctrica, que describe la soledad y la experiencia de Maggie, que luego cambia por una música diegetica tumultuosa cuando entramos en el burdel, también refuerza esta diferencia.
Con un final esperanzador, aunque levemente abierto, la Profesión de Irina Palm es un relato bien llevado, ameno y visualmente interesante, a modo de tragicomedia y con algunos altibajos respecto al guión, pero que sale victorioso al proponer un tema polémico de manera sutil y sin caer en el melodrama o en lo grotesco.
Uno de los estrenos mas importantes del 18º festival de cine de Asunción es la obra de la ya afamada directora y también escritora Lucia Puenzo, quien en su anterior película XXY demostraba estar bien capacitada en ambas facetas, logrando congeniarlas con una interesante propuesta visual y sutil. Puenzo nos trae el Niño pez, una película no tan lograda como la anterior. En esta, Puenzo abandona todo tipo de sutilezas, y la sofisticación de XXY solo se nota en su propuesta visual. Es en el guión donde nos encontramos con un producto lleno de artificios.
La historia se parece a una fantasía de una adolescente que vio muchas telenovelas mexicanas o argentinas, en la que la empleada domestica termina involucrándose con el hijo del patrón y sueñan con escaparse de la gran ciudad, solo que en este caso es la hija. Esta termina conociendo el mundo de esta empleada domestica “Guayi”, que además es paraguaya y habla guarani (el fetiche de la película), evidentemente tratando de comprender y de martillar las diferencias sociales con clichés. Esta relación puede terminar en tragedia o en una aventura policial en donde de repente aparecen los típicos malos bien malos y el acto heroico en busca de redención. Entre eso esta el mito de un tal Niño Pez que nada en el lago Ypoa (¿será así?) en Paraguay, que realmente queda en lo anecdótico.
A veces el querer abandonar los estereotipos hace que uno inconcientemente caiga nuevamente en ellos, así, el principal problema de El niño pez esta en que quiere ser un conglomerado de romance, drama, policial, con algo de poética mitológica fronteriza, y no se define a donde quiere llegar. La relación entre Lala y la Guayi es el eje de la narrativa, esta relación esta bien tratada y es creíble, pero el guión busca la necesidad de complicarla de manera artificial, creando conflictos obvios por celos y un asesinato de por medio que no aporta nada a la historia, a no ser dar pie a poner a prueba este amor entre ellas, algo innecesario, ya que desde un principio tenemos claro el amor que Lala, siente por la Guayi. Por lo tanto, casi todo el segundo acto del Niño pez podría haberse descartado, teniendo como centro de interés el viaje de Lala a Paraguay (No se donde filmaron eso) en donde nos encontramos con el personaje de Arnaldo Andre, que es interesante por su decadencia y vejez e interpretarse casi a si mismo, pero que gracias a los diálogos nuevamente artificiales y extremadamente explicativos, no logra llegarnos. La película esta bien planteada en su narrativa, fragmentada por flashbacks, que ayuda a mantener interés por los hechos. Pero es en el tercer acto en el cual la directora tira para cualquier lado y termina por desorientarnos, y no intencionalmente.
Nuevamente, Puenzo logra un interesante trabajo visual, en especial en las escenas en el lago donde juega con el realismo y la fantasía, en esto ultimo el Niño Pez acierta ya que es interesante el retrato de la inventada mitología de Mitai Pira, el niño del lado Ipoa, aunque al final la idea sea desperdiciada y usada para agregar otro elemento, predecible pero interesante, a la trama. Hay que decir que encontramos buenos y verosímiles momentos, como la escena del show de cumbia en la discoteca, que por mas breve, es el único momento en que se cree el mundo de los personajes por lo bien retratado que esta.
Las actuaciones se destacan, como siempre Inés Efrón, así como en XXY se entrega al papel de Lala, aunque nuevamente sus diálogos muy obvios la quiten cierta verosimilitud, por su parte la actriz Mariela Vitale convence como la Guayi aunque no le creamos el guarani. Esta, además, protagoniza una de las escenas mas extrañas de la película en la cual el padre de Lala, el Juez, la pide que cante en guarani, y mientras ésta lo hace, si bien es cierto que canta bien, no pasa por un fetiche, o sea, así como está tratada la escena (y el guarani en toda la película) daba lo mismo que la Guayi se suba sobre la mesa a bailar de gatubela o con cueros ajustados, con un látigo. Talvez la Guayi quiere representar a la mujer abusada y utilizada por los hombres y la sociedad, pero eso se pierde en el momento que ella parece ser el objeto sexual de casi todos los personajes de la película, y de la historia misma.
Con todos sus problemas El niño pez es una película interesante, talvez pretenciosa al querer insertar temas como la trata de blancas, asesinatos y fantasía (realismo mágico me dijo alguien…) dentro de una historia que realmente creo que no lo pedía, dejando asi d e desarrollar bien a sus personajes, algo en lo que era el punto fuerte de su anterior película.
Hace un tiempo que no actualizaba el blog pero no podia dejar de hablar de esta película…
La producción cinematográfica latinoamericana se va fortaleciendo notablemente y es lindo encontrarnos con obras que vienen desde Uruguay, mientras que el foco de producción, al menos lo que más nos llega, se concentra en Argentina y Brasil. Podemos decir que el cine Uruguayo esta en un buen momento, desde la buena racha iniciada con 25 watts y Whisky, seguidos por las interesantes La Perrera y El Baño del Papa, nos llega Gigante.
Gigante es una película de detalles. Detalles en acción e imágenes, una película con pocos diálogos. Un cine que descansa en los personajes y sus relaciones, más que en una trama con giros y artificiosos. El más apresurado a juzgar por el argumento podría pensar que se trata de una película aburrida y monótona. Nada mas lejos de lo que sentimos al acompañar a Jara, el guardia de seguridad de un supermercado, nuestro gigante personaje, en mas de un sentido, quien enamorado de Julia una limpiadora del mismo supermercado, pasa a espiarla rutinariamente.
La identificación con Jara es inmediata, este es un niño grande, introvertido, que escucha metal y demuestra tener buen corazón, y a pesar de su imponente figura transmite ternura. El guión se encarga minuciosamente de construir el personaje de Jara al espectador sin dejar de ser un personaje misterioso y fascinante ya que no sabemos realmente como este puede reaccionar ante distintas situaciones, lo que nos crea una importante expectativa por mas que ya lo estemos conociendo. Y se cumple perfectamente la premisa de que uno es lo que hace. Así, conocemos a Jara a través de sus acciones; de sus gestos y sus ojos. Su respiración pesada y forma parsimoniosa de caminar marca el ritmo de la película.
Todo esto no nos hubiese sido posible sentir sin la maravillosa actuación de Horacio Camandule quien con un minimalismo impresionante nos transmite mucho mas con sus gestos que con palabras. Hay una escena en particular en la que podemos notar este impecable trabajo actoral; Jara mira a Julia a través del monitor mientras esta se tropieza con una pila de papel higiénico, en ese momento Jara ríe y nosotros nos reímos con el, luego nos damos cuenta que la pila que cayo es inmensa, mientras Jara también lo hace dejando lentamente de sonreír, a la par que nosotros también lo hacemos y a medida que la cosa se complica para Julia, tanto Jara como el espectador empiezan a experimentar un sentimiento de culpa por la reciente risa. Este proceso emocional que conecta al espectador con Jara, dígase, no solo es merito del actor sino de una puesta en escena que juega con los primeros planos de Jara y lo que éste ve en el monitor a través de acercamientos con la cámara de seguridad en un interesante montaje.
También resulta enigmática Julia (Leonor Svarcas) quien prácticamente es una idealización, no en vano el director y guionista Adrián Biniez opta por que la veamos muy pocas veces de cerca y que la escuchemos hablar poco, incluso los primeros planos de Julia (que los hay) son vistos a través del monitor, estableciendo una distancia. A medida que Jara hace su Hitchconiana persecución, así como acompañábamos a Scottie en Vértigo(Hitchcock, 1958) o al “Fotocopiador” en El hombre que copiaba (Jorge Furtado, 2002), cada vez mas aumenta nuestra fascinación por la perseguida, y así como el personaje que la sigue, tratamos de construir una imagen de Julia con lo que vemos a cierta distancia.
La narración juega con los puntos de vista de Jara, y es interesante, por ejemplo, como el mismo Jara va construyendo un relato dentro del supermercado con las imágenes del monitor. También los juegos visuales son acertados, en varios momentos se utilizan pantallas de televisor o monitores, fuera del supermercado, que establecen una ironía de cómo vemos nuestras imágenes y como el personaje al realizar esa persecución realmente lo que hace es buscarse, revisitar su imagen, saber quien es y como se ve a el mismo y lo que se experimenta al ser observado a través de otras lentes.
Muy bien realizada en 16mm y finalizada en 35mm, la fotografía de Arauco Hernández Holz tiene además un interesante granulado que refuerza el realismo propuesto por las locaciones y la dirección de arte de Alejandro Castiglioni que adquiere una interesante ambigüedad cuando entramos dentro del salón del supermercado tan iluminado y pulcro, en contraposición a los espacios de servicio de estos, con poca luz y mal cuidados. La puesta en escena es sencilla, con planos de interesante composición pero no rebuscados, opta por dejar que los personajes se muevan en el espacio y toma las distancias adecuadas cuando necesario. Vale destacar el plano del inicio en el que vemos a Jara caminando y como su gigante sombra, a medida que se acerca al destino, se va achicando. El diseño de sonido se destaca por jugar con sonidos ricos en detalle, como la ya mencionada respiración de Jara y música diegética.
El guionista y director Adrián Biniez
Sencilla, emocionante y con buenos y acertados toques de humor, Gigante, talvez decepcionara un poco en los minutos finales ya que, cómo resuelve algo que generó muchas expectativas puede no convencer al espectador, pero que a mi parecer es una opción acertada y tiene que ver con la estética propuesta ya que se cierra con una rima. Sin más nada que acotar, aunque haya miles de detalles, Gigante desde ya es un gran exponente del cine Uruguayo como Whisky o 25 Watts, ambas también producidas por Control Z, la misma productora de Gigante, y por que no, otro paso grande para nuestro cine latinoamericano.
¿Es el cine una extensión de la vida, una lucha contra la muerte? Ni el cine puede contra el cáncer.
Cuando uno ve las películas no se llega a imaginar que esa persona que interpreta al personaje es real, existe, puede enfermarse, accidentarse, morir. Uno ve al personaje en si no al actor, especialmente si este es buen actor. Así, al ausencia es una de estas características raras de valor en el cine, el mejor guión es aquel que menos nota su existencia, así como la mejor actuación es cuando menos se ve al actor.
Patrick Swayze, además de ser un sex symbol en los 80, de bailar y cantar, etc. Era un actor de talento como se prueba en películas como Ghost o Point Break como siempre desperdiciado por Hollywood que obliga a los actores con potencial físico explotar eso mas que su talento como actor.
Abajo dejo un meloso y lacrimógeno video de esos compilados de Youtube, para los que quieran emocionarse, con escenas de varias películas de Swayze, entre ellas una de las escenas más eróticas del cine sin mostrar un desnudo, de Ghost, que no me gusto tanto pero tiene su valor. Para mi Swayze , si bien quedara en la historia del cine como uno de los chicos lindos de los 80 y 90, lastimosamente no llegó a tener su momento de explosión actoral y eso que demostraba tener talento. En paz descanse.