Dirigida por Gus Van Sant, antes de Milk pero estrenada después de ésta, Paranoid Park es otro interesante retrato de la adolescencia, que complementa a obras como Elephant o Gerry, en las que la crisis interior es el principal eje narrativo. La película cuenta como Alex, un skater adolescente, descubre un lugar llamado Paranoid Park, donde busca algunas respuestas y se ve involucrado en un inesperado crimen que lo llevará a reflexionar sobre la verdad y su propia existencia. Paranoid Park adquiere un aura casi mítica para los que concurren a el y a ojos de Alex es un lugar donde se reúnen los Skaters, quienes de alguna manera se aíslan de la sociedad, observando que hay algo más allá de las relaciones en pareja, los profesores y los matrimonios ya que, como él mismo menciona, la vida es más compleja.

Adaptada libremente sobre la novela homónima de Blake Nelson, Van Sant plasma claramente su estilo visual y narrativo, jugando con la fotografía de Christopher Doyle, filma los rostros de los personajes y maneja el tiempo en ralentado para que observemos no solo su evidente belleza, sino busquemos lo que estos esconden. Experimenta con las texturas, los sonidos, y la música que parece homenajear al cine clásico, así como los créditos de inicio, que parecieran sacados de una película de Hitchcock.
Fragmentando la narrativa a través del relato de Alex, bien interpretado por Gave Nevins, sobre quien cae el peso de la película y deja que los primeros planos se tomen su tiempo para que veamos sus mas mínimas reacciones y expresiones, componiendo un personaje enigmático; Paranoid Park es una película bien lograda, pero que pierde consistencia cuando Van Sant se muestra mas preocupado por lo formal, dejando a la deriva algunos personajes interesantes y no definiendo si lo que quiere contar es un policial o un drama adolescente. Ademas, la frialdad de lo contado es otro de los problemas del cine de Van Sant, ya que la película realmente no despierta, asi como otras obras del autor, emociones de varios matices sino mas bien logra congeniar levemente con el espectador, lo que es un merito para un cine de autor, pero no sufieciente para que la película no sea olvidada luego de minutos de salir de la sala. Una obra interesante y muy personal sobre el peso de la culpa pero sin nada mas que aportar.
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